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Cartas al Director Internacional Opinión

Cuando nos despertemos

David Rodas Martín

Cuando nos despertamos, Merkel todavía estaba allí. En el mismo asiento del Consejo Europeo. De hecho, era la única que quedaba de aquel entonces. Desde la Europa mediterránea, con Italia y España a la cabeza, la información política referida a la UE en la última semana suena a eco del pasado. Con Merkel como reverberación. Suena a eco de un 2012 que supuso un terremoto político y una debacle económica y social en buena parte del continente. Poco queda del bipartidismo español; menos del maltrecho sistema italiano surgido tras la corrupción de Mani Pulite, la mutación del PCI y la ascensión al poder de Silvio Berlusconi. Cuando los españoles e italianos despertaron, nada era como antes.

         Pero, hagamos memoria para entenderlo mejor: ¿qué había antes de que nos despertáramos y solo quedara la canciller alemana como vestigio de otro mundo, de otra política, de otra Europa? Había una fiebre tecnocrática: esto lo solucionan los expertos, y, para tal fin, se nombró a Martio Monti primer ministro italiano. 2012. Pocos meses antes, en España, el Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, había ganado las elecciones con mayoría absoluta. Discurso económico claro: bajada de impuestos, reivindicación de la gestión económica eficiente…ni rastro de algaradas demasiado conservadoras o nacionalistas (propias de diversos sectores del propio PP). Dos varones que rondaban los sesenta años: Monti y Rajoy. Las dos potencias mediterráneas encaraban la fase más dura de la crisis con “cirujanos de hierro” en lo económico, recetas claras, frutos de la teoría económica desarrollada desde la Escuela de Chicago: el recetario inaugurado en el 2010 desde instancias europeas influenciadas por las directrices germanas.

         Monti, tecnócrata orgulloso de tal nombre, en quien la UE tenía plena confianza. Rajoy, siempre “más preocupado por Soria que por Siria”, podía delegar su labor en su Ministro de Economía, Luis de Guindos, de marcado perfil técnico, fiel defensor de las recetas de austeridad, hoy vicepresidente del BCE. Así las cosas, España e Italia aplicaron las recetas de austeridad a rajatabla, mientras Grecia y Portugal caían, rescatadas, en manos de la Troika (Comisión, BCE y FMI). Después de Monti pasó Letta como primer ministro, sin pena ni gloria, del centroizquierdista PD. Le sucedió en 2014 su compañero de partido, Matteo Renzi: la esperanza de una Europa que se iba recuperando y vestía camisas blancas sin corbatas (Albert Rivera y Pedro Sánchez miraron con envidia a este galán florentino).  Rajoy, con problemas territoriales y un sistema político al que le costó hacer gobernable una realidad pluripartidista, seguía en Moncloa aun tras perder su mayoría absoluta en 2015. Las potencias mediterráneas se empezaban a recuperar, pero su posición en el seno de la UE seguía siendo subalterna. No era época de frentes comunes del sur, ni mucho menos: una socialdemocracia revitalizada gobierna Portugal desde 2015, en Grecia la izquierda radical de Syriza alcanza el gobierno ese mismo año (temblaron piernas en Madrid por una suerte similar de Podemos), el conservador Rajoy prefiere seguir amistado con Merkel que abriendo frentes de batalla y el radiante socio-liberal Renzi se deja querer por el poder europeo. Sumen a esto la animadversión existente entre Rajoy y Renzi: generaciones dispares con una voluntad nula de defender los intereses comunes de las naciones mediterráneas. Más bien, con voluntad de hacerse con más cotas de poder comunitario para sus respectivas naciones.

         Cuando estos quisieron despertar, el flujo de malestar iniciado en los años 2008-2015 ya había cristalizado. A Renzi se lo llevó por delante su liderazgo mesiánico en un referéndum donde se impusieron las posturas del antisistema 5 Stelle (primera fuerza política ya en 2013, y, de nuevo, en 2018); a Rajoy, una suma de partidos de izquierda (el partido socialista y Podemos, surgido al albur de las protestas anti-austeridad) y nacionalistas periféricos en una moción de censura precipitada tras la publicación de la sentencia de la trama Gürtel (que afectaba de lleno al partido y a la credibilidad del presidente).

         Con el tiempo, no sin problemas (dos elecciones generales repetidas en España, un gobierno con la destropopulista Lega y el populista 5 Stelle en Italia), se acabaron consolidando entre 2018 y 2019 dos liderazgos en los países del sur: Giuseppe Conte y Pedro Sánchez. Dos hombres de los que pocos esperaban algo. Uno puesto a dedo para apaciguar una coalición (Lega-5 Stelle) que se demostró imposible y que reivindica y acrecienta su liderazgo día a día desde que en el parlamento afeara al entonces ministro Salvini su ambición de poder. El otro, repudiado de su partido, retornado a la secretaría general del mismo después de unas primarias de resultado inesperado, convertido en presidente cuando su aliado de izquierda, Podemos, le volvía a pisar los talones, invicto en dos elecciones generales consecutivas y presidente del primer gobierno de coalición de los últimos ochenta años en España. Comparten longitud de onda: se llevan apenas 8 años, llegados al poder de la mano de partidos que pusieron en jaque los planteamientos económicos de la UE (5 Stelle, Podemos). Conte, no especialmente eurófilo, se codeó con los altos mandatarios comunitarios cuando comenzó a ejercer de cancerbero del ministro Salvini, su política migratoria y sus bravatas contra la Comisión.  Sánchez, desde el primer momento de su presidencia, tuvo en Europa un campo de batalla: simbólicamente, renombró el Ministerio de Asuntos Exteriores como Ministerio de Asuntos Exteriores y Unión Europea; materialmente, se abrió paso en los pasillos bruselenses de la mano del diplomático José Manuel Albares.

         Estos son los liderazgos que estos años se han forjado en el sur de la Unión Europea y, su voz, ahora coordinada (según se desprende de las crónicas del Consejo Europeo de la semana pasada), parece plantar cara a los postulados de las naciones que se niegan a mutualizar la deuda ante la crisis del COVID-19. ¿La variable que puede decidir la suerte de este pulso en el seno de la UE? Un silente Macron que intervino poco en el último Consejo. Hollande vino a plantar cara a Merkel en 2012, a encabezar otra UE posible, y fracasó estrepitosamente. Macron vino a renovar la Unión Europea. Hay quien le está esperando en una lucha que puede ser definitiva para el futuro de la UE.

         Alemania, Holanda, Dinamarca, los países nórdicos y Austria deberían tomar nota si valoran la UE: si el 5 Stelle está en el gobierno italiano, al igual que Podemos; si un socialista alejado de la tercera vía como Costas gobierna Portugal; o Tsipras ha gobernado Grecia, es, en gran medida, por lo que las decisiones comunitarias supusieron para los países europeos del Mediterráneo. El error, sigue siendo evitable. Cuando ellos se despierten, los problemas del sur todavía estarán allí.

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