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Asia en Europa: de Heidi a TikTok

Julián Fernández-Vegue – redactor invitado

«Abuelito, dime tú». Seguro que al leer esas tres palabras te ha venido una melodía a la cabeza. En 1974 el estudio de animación japonés Zuiyo Eizo (actual Nippon Animation) lanzaba Heidi junto a la ZDF (segundo canal público de la televisión alemana). La serie llegaría a los hogares españoles un año más tarde, en 1975 y se convertiría en uno de los programas más populares de la televisión pública de nuestro país. A ella le seguirán Marco, Meteoro, Mazinger Z y otras muchas obras niponas. El anime (del japonés animēshon) había llegado a España. 

Hasta entonces la influencia asiática en España y Europa había sido casi inexistente. Es cierto que la pintura impresionista había sido influida por las artes del país del sol naciente a finales del siglo XIX, pero esos primeros retazos japoneses en Europa se alejaban de la cultura de masas y quedarían como una bonita nota al pie de página en los libros de historia. Más allá de ello, Asia y Europa comienzan a conocerse en los años 60.

1966. Los Beatles aterrizan en el Aeropuerto de Haneda, Tokio, para ofrecer cinco conciertos en tres días. Años más tarde, en 1972, la banda británica Deep Purple publica Made in Japan, un disco en directo grabado durante su primera gira por Japón. Desde ese momento, el archipiélago japonés se convierte en visita obligatoria para las grandes bandas europeas. Esta búsqueda de popularidad en el país asiático (movida principalmente por los intereses de las grandes productoras) nos traería a occidente novedades como las guitarras Ibanez o los teclados Yamaha. 

Portada de Made in Japan. Fuente: EMI

Más allá de la música, la televisión continuaba influenciada por esas series japonesas que arrasaron a mediados de los 70. En España, la productora BRB Internacional produjo a principios de los 80 series como D’Artacan y los tres mosqueperros o David el Gnomo, de marcado carácter japonés, tanto en la animación como en los guiones. 

Mientras tanto, los restaurantes asiáticos comenzaban a aflorar en nuestro país y los institutos se llenaban de calculadoras Casio. A finales de los 70 la mayoría de adolescentes habían jugado en máquinas recreativas fabricadas por Atari o Konami.

1985. Nintendo, famosa por su célebre arcade Donkey Kong, lanza al mercado occidental su consola Nintendo Entertainment System, conocida por el gran público como la NES. La revolución había llegado al mundo de los videojuegos. La NES creó un nuevo paradigma añadiendo un mando que permitía controlar los juegos. Desde entonces el pad ha sido algo intrínseco a las consolas.

Japón dominó las importaciones culturales en Europa durante los 80 y los 90 junto a Estados Unidos. Grandes hitos tecnológicos como el Casio F91 o los coches Toyota llegaron a Europa para quedarse (de hecho, el famoso reloj es a día de hoy uno de los más vendidos del mundo, 32 años después de su lanzamiento). China y Corea estaban a punto de llegar a los escaparates de medio mundo , pero al país nipón aún le quedaban dos grandes hitos que marcarían occidente para siempre. 


El primero de ellos llegó en 1995: Sony tomó el relevo de Nintendo lanzando al mercado la consola Playstation. Su sucesora, la Playstation 2, lanzada en el año 2000 es la consola más vendida de la historia (más de 160 millones de unidades). El segundo de estos momentos clave tuvo lugar en 1999. Pokémon llegaba a millones de hogares europeos en forma de videojuegos y de serie animada. Heredera de aquellas series de animación de los 70, las aventuras de Ash Ketchum y sus amigos se convirtieron rápidamente en las favoritas de toda una generación y marcarían el inicio de la era de popularidad del anime y del género de videojuegos RPG (Role Play Game).

Para entender los cambios que se dan a principios de los 2000 necesitamos retroceder unos años en el tiempo. En 1976 fallece Mao Zedong, fundador de la República Popular China y presidente del Partido Comunista Chino. El nuevo núcleo dirigente del país asiático decide llevar a cabo medidas aperturistas en la economía del país. China tarda más de 10 años en crear todos los mecanismos necesarios para comenzar a exportar productos locales.

En 1987 la importación de materias primas y componentes utilizados en la producción de bienes de exportación ya estaba totalmente libre de impuestos. Durante los años 90, el gobierno del país continuó trabajando en su política de exportaciones. Es en 2001 cuando estas medidas iniciadas más de dos décadas atrás dan sus frutos. China inicia su proceso de adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Desde entonces, una frase se vuelve popular en Europa: Made in China. El gigante asiático estaba en occidente para quedarse. 

Durante la primera década del siglo XXI China se convirtió en «la fábrica del mundo». El país asiático es (según datos de la propia OMC) el mayor exportador del planeta  y su presencia en el mercado internacional continúa creciendo.

Fuente: ABC

Sin embargo, el ámbito cultural se le resistió a China durante unos años más. Japón continuó reinando en la exportación de productos culturales durante la primera década de este siglo gracias a las series de animación y los videojuegos. En 2012 el cantante surcoreano PSY publicó su tema Gangnam Style y se convirtió en el vídeo más visto de Internet ese año. No sería el único fenómeno originario de Corea del Sur que llegaría a reinar en occidente. 

2013. El grupo BTS, originario de Seúl, hace su debut con un éxito moderado. En 2015 ya son el grupo más mencionado en redes sociales del mundo (lo continúan siendo a día de hoy). En 2019, los tres artistas musicales o bandas con más ventas a nivel mundial fueron Drake, los mencionados BTS y la banda femenina BlackPink, también de origen surcoreano. Cabe destacar que BlackPink ha liderado las ventas de un artista musical o banda femenina  a nivel mundial durante los últimos dos años. Además, sus colaboraciones con artistas occidentales como Lady Gaga, Dua Lipa o Selena Gómez han facilitado la aceptación de bandas asiáticas por gran parte del público internacional 

Durante los primeros 15 años del siglo XXI China se centró en ser el núcleo de la producción de bienes a nivel industrial. Sin embargo, su impacto en el acervo cultural occidental fue escaso (más allá de la popularidad de su gastronomía y los  bazares regentados por ciudadanos de origen chino). En 2011 la compañía tecnológica china Tencent adquiere la desarrolladora de videojuegos americana Riot Games e inicia la expansión internacional de su principal producto: League of Legends (LoL). Para 2015 LoL ya es el videojuego para ordenador más jugado del mundo y el baluarte de los deportes electrónicos (conocidos como eSports). En 2020, según datos de la propia Tencent, League of Legends tuvo más de 10 millones de jugadores simultáneos diarios. 

El impacto de China en la cultura occidental no se queda ahí. En 2020, tras años de dominio de empresas estadounidenses, la aplicación de origen chino TikTok se convirtió en la más descargada del mundo: más de dos mil millones de personas la instalaron en sus teléfonos. Actualmente cuenta con cerca de mil millones de usuarios activos, siendo solo superada por Facebook y Whatsapp.  

A la par, Japón y Corea siguen teniendo una influencia considerable en nuestro ámbito cultural. Sin ir más lejos, el 23 de abril se estrenó en España la película más taquillera de la historia de Japón: Guardianes de la noche: Tren Infinito (cuyo título original es Kimetsu No Yaiba: Mugen Ressha-hen). En su primer fin de semana, la cinta japonesa recaudó más de 550.000 euros y tuvo más de 90.000 espectadores, superando a la reciente ganadora del Oscar a la mejor película, Nomadland.

La presencia asiática en nuestra cultura ha tenido un importante impulso en los últimos años gracias a la aparición de China en el escenario mundial. Sin embargo, lleva más de 50 años desarrollándose y su tendencia seguirá al alza a medio plazo. Gran parte de los productos culturales que consumimos a diario tienen origen asiático. Incluso baluartes de la cultura europea se están adaptando al mercado asiático. Por ejemplo, los grandes partidos de fútbol cambian su horario para coincidir con los picos de audiencia en China. Pero no solo eso, las empresas europeas implantan modelos de productividad de origen japonés (como el método Toyota o el método Kaizen) y contratan a super estrellas coreanas para anunciar sus productos.

El camino nos lleva hacia un cambio en el paradigma cultural a nivel internacional. Durante años, Estados Unidos era el espejo en el que mirarse, la referencia empresarial, cultural y social para la mayoría de los países de occidente. Sin embargo, la irrupción de los países asiáticos (con una mención especial a China) nos lleva hacia un cambio de modelo. El gigante asiático está acelerando su transformación y espera convertirse en la primera economía del mundo en pocos años (el Fondo Monetario Internacional prevé que sea antes de 2030). Esta hegemonía económica ha ido unida de forma histórica a una importante hegemonía cultural. El fenómeno es claro y sencillo de explicar: cada vez la influencia asiática será más común en nuestro día a día, igual que lo fue la estadounidense (mal llamada americana) durante la segunda mitad del siglo XX o la francesa durante el siglo XIX.

Elaboración del autor

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