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Empleo Opinión Temas sociales Trending

¿Deberíamos «cortarnos» en redes sociales si estamos buscando empleo?

La huella digital y sus implicaciones

Jimena de Diego

La mayoría de los jóvenes utilizamos las redes sociales todos los días. Leer las noticias en Twitter o mirar las historias nada más levantarnos ya forma parte de nuestra rutina. Algunos somos más activos, otros menos, pero eso sí: todo lo que publicamos se guarda.

Volvamos unas décadas atrás en el tiempo. Cuando nuestros padres querían documentarse sobre un tema, compraban o pedían prestados libros y alquilaban películas. Llamaban mucho más por teléfono e incluso enviaban cartas. En la era pre-Internet, el «rastro» que dejábamos al socializar o buscar información era más limitado. No es que antes todo fuese mejor (desde luego, ahora tenemos muchas más comodidades), pero está claro que nuestras huellas ahora son mucho más difíciles de borrar.

Seguramente, todos estaremos de acuerdo en que Internet es esencial para gran parte de nuestras actividades cotidianas. Cuando navegamos y visitamos una web, entregamos información a la persona que la administra. Nuestra IP, al quedar registrada, puede revelar nuestra ubicación, género, edad y el navegador que usamos, entre muchos otros datos: la famosa «huella digital».

Por supuesto, las redes sociales no se libran. Nuestras fotos y vídeos de Instagram, nuestros tuits, comentarios… también dejan un rastro. Aunque borremos un post, las aplicaciones se quedan con esa información. Google o páginas como Archive.org archivan la memoria de la red al completo, independientemente de si nuestro perfil es público o privado.

El 22% de las empresas españolas descarta a candidatos tras haber revisado sus redes

Seguro que recordamos decenas de casos de figuras públicas que han visto peligrar su reputación por un par de tuits que escribieron en 2009. Aunque no seamos celebrities, esto nos afecta a nuestra manera. InfoJobs llevó a cabo un estudio en 2019 en el que ponía sobre la mesa la importancia de controlar lo que se publica por estos canales. De acuerdo con el informe, cada vez son más entidades las que deciden hacer una búsqueda de sus candidatos en redes y utilizar las conclusiones sacadas como filtro. En concreto, cerca de un 22% de las empresas españolas descarta a candidatos que en un principio les gustaban tras haber revisado sus perfiles sociales.

Facebook ocupaba el primer lugar en la lista de canales más «espiados», seguido por LinkedIn e Instagram. Y esto es totalmente lícito porque los canales son públicos y no se está vulnerando la privacidad de los usuarios en ningún momento.

Las redes sociales más consultadas por los reclutadores según InfoJobs

Este mismo estudio también revelaba los aspectos de las redes en los que los reclutadores hacen hincapié. Lideraban el ranking la «incoherencia» y las «mentiras entre lo comentado en la entrevista y lo que se publica en las redes», además de las fotos publicadas y las faltas de ortografía. Curiosamente, aspectos como la falta de respeto hacia otros usuarios o colectivos, racismo, sexismo o críticas hacia exjefes y antiguos compañeros se encontraban varios puestos por debajo.

¿Pueden despedirnos por algo que hayamos colgado en redes?

Pero ¿y si ya estamos trabajando para una empresa? ¿Pueden nuestros superiores cotillearnos las redes y despedirnos si ven algo que no les gusta? Las redes llevan más de una década con nosotros, pero muchas compañías todavía no tienen protocolos de actuación en estos casos. Pero sí podemos sacar algunas conclusiones basándonos en casos reales.

Una asociación sin ánimo de lucro belga despidió a un trabajador en 2017 por «dar Me gusta» a una página antisemita en Facebook. Los tribunales decidieron que el despido sí era procedente, al tratarse de algo que podía afectar a la opinión pública e iba en contra de los valores humanos y del compromiso suscrito con la empresa. También está el caso de un trabajador de Primark en España que fue despedido en 2018 tras hacer humor negro en redes y animar públicamente a otros usuarios a no ir a las tiendas de la cadena.

Aunque también está el ejemplo de la sentencia del TSJ de Canarias de ese mismo año que declaró la improcedencia de un despido, justificando que el uso ocasional de las redes para fines personales no es motivo suficiente para prescindir de un empleado.

Evidentemente, creo que a nadie le gusta trabajar con una persona que defienda el antisemitismo. Y es comprensible que una empresa decida prescindir de alguien que critica abiertamente a la entidad para la que trabaja. Esto no se aplica a las malas prácticas, casos para los que las redes juegan un papel muy importante, al ser la vía más fácil para denunciar abusos y dar visibilidad a situaciones precarias (como en el caso de la explotación laboral en Primor, por ejemplo).

Perfumerías Primor
Varias trabajadoras de Primor denunciaron abiertamente las malas condiciones laborales de la perfumería en redes sociales. Fuente: eldiario.es

Además, hay casos mucho menos extremos donde la cosa se complica aún más. En diciembre de 2019, Laura, profesora de inglés, denunció en Twitter que su jefa quería despedirla por haber subido un vídeo en ropa interior a la red social.

Laura escribió un hilo en el que explicaba que ella trabajaba una tarde a la semana en una academia y que, de alguna forma, algunos de sus alumnos habían encontrado el vídeo. La usuaria tuvo una conversación en persona con su jefa, quien llegó a amenazarla con denunciarla por exhibicionismo.

Esta última recalcó que si fuese un chico le habría dicho lo mismo, quizás para no ser tachada de machista. La cuestión es, ¿acaso influye ese vídeo en su forma de trabajar? ¿Si ella tuviese, por ejemplo, fotos en la piscina o en la playa llevando un bikini, estaría igual de «mal» compartirlas en redes? Ni Laura ni cualquier otra persona debería justificarse por esto, sobre todo, porque son sus perfiles y lo que publiquen no tiene que ver con su desempeño laboral.

Además, su trabajo no implicaba utilizar las redes con los niños, por lo que no tendría por qué asumir la responsabilidad de que sus alumnos hubieran encontrado su cuenta. Y las imágenes tampoco hacían daño a nadie.

Muchos usuarios le mandaron mensajes de apoyo, aunque también hubo otros que no estaban nada de acuerdo con su postura y alegaban que las profesoras tienen que ser «un modelo a seguir». Otros se inclinaban por una postura «intermedia»: defendían la importancia de tener cuidado con lo que se sube, pero también afirmaban que el despido era totalmente improcedente.

Laura decidió borrar el hilo cuando los medios empezaron a hacer eco de la noticia, pero no el vídeo. Borrar tu rastro de la red por completo, como ya sabemos, es casi imposible, por lo que sus tuits todavía pueden encontrarse en otras plataformas. En cualquier caso, ella hizo bien en denunciar el asunto. Resulta absurdo que sea necesario controlar todo lo que se suba a redes de esta forma, sobre todo, tratándose de una persona que tampoco está en el ojo público.

Nuestro contenido no tiene que ver con nuestro desempeño laboral

Entonces, ¿hay que condicionar lo que subimos o dejamos de subir solo porque quepa la posibilidad de que no nos contraten en el trabajo de nuestros sueños? ¿O porque puedan echarnos, en el caso más extremo? Mi conclusión es que utilizar las redes sociales de forma responsable es esencial, pero el concepto de «responsable» no es el mismo para todo el mundo. El trabajo es una parte de nuestra vida, pero no lo es todo.Nuestra forma de ser o de vestir, nuestros gustos y nuestro físico no tienen por qué definir nuestra capacidad para desenvolvernos peor o mejor.

Por suerte, hay muchas cosas que podemos hacer. Poner nuestros perfiles privados es la primera opción y la más evidente, pero también hay que tener en cuenta que las redes también son una manera de encontrar empleo, de «vendernos» y de promocionar nuestro trabajo. Son la plataforma perfecta para hacer activismo online (que ha jugado un papel importante en estos tiempos de pandemia) y dar visibilidad a miles de historias. No podemos deshacernos de nuestro paso por Internet, pero sí podemos dirigir la huella digital a nuestro favor.

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