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¿Cuándo se dejará de normalizar el trabajo gratis?

Una reflexión sobre las prácticas no remuneradas

Jimena de Diego

Todos sabemos que, si estamos cursando estudios superiores, en algún momento tendremos que realizar prácticas profesionales. De hecho, son las prácticas las que realmente nos ayudan a adquirir soltura en nuestro campo.

También sabemos que, por desgracia, estas prácticas conllevan una compensación económica muy baja o, directamente, ninguna.

Dependiendo de lo que estemos estudiando, las prácticas pueden jugar un papel diferente en nuestra trayectoria académica. En el caso de las Ciencias de la Salud, por ejemplo, prácticas y formación van más de la mano desde el primer momento. En Ciencias Sociales y Humanidades, las prácticas suelen tener una duración más corta. Normalmente, tenemos por un lado las prácticas curriculares —aquellas que forman parte del plan formativo y son obligatorias para los alumnos— y, por otro, las extracurriculares, que no vienen incluidas en él.

Pero también podemos dividirlas de otra forma: laborales y no laborales. Las primeras sí son susceptibles de llevar asociadas una cantidad monetaria, aunque no siempre sea así. Cuando hablamos de prácticas no laborales nos referimos a aquellos casos en los que ni siquiera hay un contrato como tal, por lo que los becarios que las realizan no reciben retribución alguna. En el mejor de los casos, perciben una compensación por los desplazamientos (siempre y cuando no teletrabajen).

Con todo esto, esta modalidad suele ser el primer contacto con el mercado laboral de muchos titulados. UGT estima que este tipo de prácticas profesionales abusivas equivalen a casi 300.000 empleos al año en España. Según datos del sindicato, los salarios que las empresas se han ahorrado o que no se han cobrado por parte de trabajadores, aplicando el salario mínimo interprofesional (SMI), se elevan a 3.049 millones de euros.

En 2016, el periodista Eduardo Robaina lanzó una petición en la plataforma change.org bajo el eslogan #GratisNoTrabajo, la cual consiguió recoger más de 70.000 firmas. Eduardo, que por aquel entonces era estudiante en la Complutense, lanzó esta campaña cuando se dio cuenta de que más del 70% de los convenios que su universidad ofertaba eran sin remunerar. Su objetivo estaba claro: que los estudiantes dejaran de pasar por becas en las que tuvieran que trabajar sin compensación económica.

Aunque la Complutense y otras universidades puedan hacer recomendaciones orientativas (por ejemplo, en torno a 400 euros por media jornada), lo cierto es que la situación sigue siendo la misma hoy en día. A la larga, esto está contribuyendo a quitarle valor a nuestra formación y al trabajo que realizamos.

En octubre del año pasado, el asunto volvió a salir a la luz cuando el Parlamento Europeo anunció una reforma que prohibía disponer de becarios en la Eurocámara si no se les pagaba. A través del proyecto Garantía Juvenil, el Parlamento proponía combatir cualquier tipo de discriminación que los jóvenes pudieran sufrir en el entorno laboral, incluyendo la remuneración justa de los periodos de prácticas.

Sin duda, una iniciativa interesante para dejar de normalizar el trabajo gratis, pero todavía queda un largo trecho por recorrer.

La experiencia se adquiere trabajando y se entiende que el trabajo conlleva una compensación económica. Pero, si no hay remuneración a cambio, ¿qué se ofrece?

Examinando portales de empleo, seguro que todos nos hemos encontrado más de una vez con la típica oferta que explica que, aunque no te vayan a pagar, te llevarás a cambio la experiencia y los conocimientos adquiridos. En ocasiones, incluso sugieren que la mejor recompensa es el «prestigio» que te dará el haber hecho prácticas en ese lugar.

Lo cierto es que, al final, muchos acabamos aceptando. Tampoco debemos culparnos por ello: a veces, es mejor cualquier cosa que un currículum vacío.

Si tenemos la suerte de dar con unas prácticas en las que realmente podamos aprender y beneficiarnos de la «buena imagen» que la entidad tenga de cara al exterior, nos podría compensar en cierta forma. Al menos, durante unos meses, hasta que acabemos nuestra formación.

Es verdad que la gran mayoría de nosotros vivimos con nuestra familia o dependemos de ella mientras estamos estudiando (y hasta que encontremos un trabajo estable que nos permita independizarnos). Por tanto, una buena parte de los gastos no corre de nuestra cuenta, así que podemos permitírnoslo.

Pero debemos también ser críticos: ¿hasta qué punto es ético pagar a alguien con experiencia? En muchas ocasiones, una remuneración a cambio es más que necesaria. Unas prácticas remuneradas posibilitan tener cierta independencia económica, no pedir dinero a nuestros familiares, aportar lo que podamos en casa, ahorrar´para poder independizarnos en algún futuro próximo… Nos permiten no depender de otros empleos a tiempo parcial y le dan valor a nuestro esfuerzo, que no es poco.

Acabamos de entrar al mundo laboral y todavía estamos aprendiendo, pero precisamente por ese motivo necesitamos contratos justos que nos hagan sentir que nuestro trabajo se tiene en cuenta.

Y tú, ¿qué opinas?

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