RealPolitik

Tu política internacional

  • Español
  • Polski
  • English
  • Español
  • Polski
  • English
Internacional Opinión Política

Estados Unidos o el miedo a morir

Redacción

Manifestantes armados con rifles, vehículos bloqueando carreteras de acceso a centros médicos, fosas comunes propias de guerras pasadas, choque de poderes entre los gobernadores y el presidente. Esto, todo a la vez, ha ocurrido durante los últimos días en Estados Unidos de América.

         A raíz de la pandemia de la COVID-19, y tras la lenta respuesta de la administración federal comandada por Donald J. Trump (al estilo de otros líderes de extrema derecha como Jair Bolsonaro en Brasil), EE. UU. se desliza hacia el caos en un clima completamente desconocido para la nación-imperio de los check and balances. Las manifestaciones alentadas por Trump contra las medidas de confinamiento dictadas por gobernadores del propio Partido Republicano dan cuenta del nivel de degradación del sistema político estadounidense. Una parte de una nación sin un sistema sanitario universal, ni centralizado, ni eficiente; puesta en pie de guerra por las medidas de contención de una epidemia mundial. El chivo expiatorio creado por la Casa Blanca está claro: China. El enemigo, así, no son tanto las muertes derivadas del virus o el virus en sí mismo, sino el maquiavélico Fu-Manchú oriental que encarna la República Popular.

         Sin embargo, conviene revisar qué ha ocurrido para que los EE. UU. se adentren en la gestión de una pandemia con el pie cambiado y una crispación social tal. El ambiente político estadounidense vive, como muchos otros sistemas de democracia liberal, sometido a una presión constante desde que las técnicas de la extrema derecha populista se pusieron en práctica. Con una intensidad media-baja, podemos situar el comienzo de esta presión en los albores del canal FOX News de la mano de Roger Alies (retratado en la serie The Loudest Voice). Así, si se repasa la historia estadounidense desde los atentados del 11S, pasando por las elecciones de 2008 (primera victoria de Obama), hasta la victoria de Trump en 2020; se podrá percibir un hilo creciente de bulos, calumnias y falsedades que comenzaron a alimentar a una alt-right que, ahora desde la Casa Blanca, dirige la agenda estadounidense y, en tanto potencia hegemónica, la agenda mundial. Fenómenos que van desde el Tea Party hasta las últimas manifestaciones en contra del aislamiento social, y que tienen reflejos en la Hungría de Orban, el Brasil de Bolsonaro o el Reino Unido de Johnson, tienen un objetivo común: minar las bases democráticas de las sociedades.

         Así, no puede ser más que preocupante que la sociedad estadounidense, en tanto una de las más ricas y poderosas del mundo (amén de una aliada fundamental de la Unión Europea), se deslice por sendas autoritarias. Como ejemplo último, que valga la orden firmada por Trump la noche del lunes impidiendo todo tipo de inmigración en los Estados Unidos.

         La cuestión, por tanto, y en clave interna, debería ser: ¿cómo saldrán los estadounidenses de este atolladero autoritario y reaccionario? Alternativas no les faltan. Desde la amplia gama de sindicatos sectoriales, el movimiento feminista y estudiantil, y el minúsculo Partido Verde, hasta la gran maquinaria del Partido Demócrata. De hecho, entre estos dos polos de ofensiva anti-Trump, han surgido figuras de importancia trascendental para la política norteamericana difícilmente imaginables hace apenas cuatro años: Alexandria Ocasio-Cortez o Bernie Sanders son las más representativas. Sin embargo, el combate para evitar la mayor degradación de la calidad democrática de los EE. UU. prevé darse en las elecciones de noviembre de este año, donde un exvicepresidente del ala tradicional demócrata, Joe Biden (tras la retirada de Bernie Sanders de las primarias demócratas), habrá de enfrentarse a Donald J. Trump.

         La contienda no se le prevé fácil, no obstante. De hecho, antes de la pandemia, los sondeos eran claramente desalentadores para el exvicepresidente. La gestión gubernamental de la enfermedad, el apoyo del senador Sanders y del expresidente Obama, parecen haber colocado a Biden en una mejor posición electoral.

         El miedo de un pueblo a perder su posición hegemónica en el tablero global, atravesado por una crisis sanitaria sin precedentes, parece haber levantado las costuras más frágiles de un país que en toda su historia, hasta ahora, ha transitado por vías democráticas y liberales. O amalgama de verdes, sindicalistas, sanderistas, socialdemócratas y liberales, o rifles por las calles. O democracia, o autoritarismo. O lo que tiene que procurar encarnar Joe Biden, o lo que encarna Donald J. Trump. El devenir de la historia se juega estos meses, a ambas orillas del Atlántico. La pulsión de muerte (personal, nacional, imperial) de los Estados Unidos tensa a su población: o vida, o barbarie.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *