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COVID-19 Internacional Unión Europea

¿Hacia dónde nos lleva el nuevo pasaporte europeo?

Daniel González Benavente

El pasado 25 de marzo el Parlamento Europeo aprobó el Reglamento sobre el “certificado verde digital”, el nuevo pasaporte sanitario europeo. La pandemia ha provocado que los Estados miembros recuperen los controles fronterizos con sus vecinos europeos, poniendo en riesgo uno de los mayores logros de la Unión Europea: la libre circulación de personas. Pese a que la medida está diseñada para rescatar este derecho, es inevitable pensar que la necesidad de salvar el verano de las economías más dependientes del turismo, como la italiana, la española o la griega, ha tenido mucho que ver con la rapidez de su puesta en marcha. Sin embargo, esto puede suponer el comienzo de una corriente que nos lleve hacia mayores controles migratorios. Bienvenidos al nuevo viaje emprendido por la Unión Europea.

De acuerdo con el Reglamento, el certificado pretende garantizar que la persona en cuestión ha sido vacunada del COVID-19, pasado la enfermedad en los últimos 180 días o que tiene un test con resultado negativo. Esto facilitaría la libre circulación, permitiendo operar bajo los mismos parámetros, aunque se reconozca la posibilidad de que cada país mantenga cuarentenas obligatorias a los visitantes. Tanto los ciudadanos europeos como aquellos que residan legalmente en cualquiera de los Estados miembros tendrían acceso totalmente gratuito a este certificado. Además, no será un requisito fundamental para la movilidad ni un privilegio, es decir, no será obligatorio para poder viajar, pero sí se trata de una forma de agilizar los viajes y de recuperar la seguridad.

Una vez aclarado en qué consiste el “certificado verde digital”, es necesario detenerse a analizar las implicaciones que tiene este viaje que acabamos de tomar. En primer lugar, hay que destacar la importancia que supone homogeneizar las normativas dentro de la UE para hacer frente a la crisis sanitaria. Hasta el momento, la armonía normativa ha brillado por su ausencia en la mayoría de los casos, como hemos podido observar recientemente con la polémica paralización de la vacuna de AstraZeneca. En este aspecto, el certificado supone un primer paso hacia la cooperación multilateral como respuesta a la crisis.

No obstante, con este Reglamento la Unión Europea muestra una vez más que se tiene más prisa por salvar la economía que por superar la crisis sanitaria. El certificado reconoce su límite temporal hasta el momento que la OMS reconozca el fin de la pandemia, pero para que eso ocurra es necesario inmunizar a toda la población, es decir, garantizar la vacunación total. La UE no ha cumplido ninguno de los objetivos de la vacunación que tenía previstos en el primer trimestre de 2021. La gestión del bloque regional respecto a las vacunas está en duda. Sin ellas, no llegaremos a buen puerto.

© Andy Buchanan

Ante este fracaso europeo, parece que la solución pasa por este certificado con la intención de socorrer a las economías de sol, playa y turistas. Su aprobación a la desesperada se plantea como un flotador para los países que se están hundiendo. De nuevo, el bloque comunitario parece más interesado en garantizar las vacaciones de los nacionales del centro y del norte de Europa que de ofrecer soluciones estructurales a los países del sur.

Esta no es la ruta ni debe de ser la apuesta que siga la UE. El objetivo principal debe seguir siendo lograr un plan de vacunación eficaz. Acabar con la pandemia pasa por la inmunidad, por las vacunas, no sólo por garantizar viajes seguros. Salvar a las economías del sur pasa por garantizar un cambio estructural, no por incentivar el turismo.

Sciortino (2018) hablaba de la Unión Europea como un “monstruo amable”: por un lado, con una cara más “agradable” como defensora de los principios liberales; por, con una faceta más “monstruosa” que impone límites duros a los «indeseados» a través del fortalecimiento de las barreras exteriores. El “certificado verde digital” nos muestra esa UE, que intenta salvaguardar la libre circulación de personas entre los Estados miembros, a la vez que fortifica las fronteras exteriores. Veamos el por qué.

A través del Reglamento se pretende recuperar la movilidad, pero a cambio, esta corriente que hemos tomado puede llevar a la consolidación de un sistema migratorio extraeuropeo más restrictivo. Esta medida puede ser la antesala de una nueva época en el control migratorio con la excusa de la protección sanitaria. El fin de la pandemia parece lejano si se sigue el ritmo de vacunación actual en la UE, por lo que el certificado podría mantenerse vigente otros 2 o 3 años más, pudiendo ser actualizado y reforzado. Podríamos estar zarpando hacia un fortalecimiento en los controles fronterizos para la entrada de inmigrantes en la UE. El futuro es incierto, pero lo que es seguro es que la pandemia ha generado un antes y un después y ahora mismo estamos empezando a surcar esa nueva ola llamada “después”.

Esta medida parece que nos sube a una corriente de mayores restricciones y controles migratorios. Para los europeos, libre movilidad interna. Para aquellos que sean de fuera de la Unión, más restricciones. De nuevo, parece que la Unión Europea nos embarca en la ruta del “monstruo amable”. A qué orilla llegaremos está por ver.

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