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¿Hubiera sacado Ginsburg “el cuello de la discrepancia” ante su potencial sucesora?

Sara Cátedra Moya

Ruth Bader Ginsburg, la segunda juez mujer en acceder al tribunal supremo de Estados Unidos y un icono en la lucha por la igualdad de género. El mundo llora su fallecimiento desde el pasado 18 de septiembre, pero también honra su trayectoria y pone sobre la mesa un tema opacado por la sombra de la pandemia: la lucha por la igualdad de género y las libertades de la mujer.

Conocida como RGB, Ruth Bader Ginsburg fue nombrada jueza de la Corte de los Estados Unidos en 1993 por el presidente Bill Clinton y fue fundadora de la sección de derechos de la mujer en la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Reconocible por los cuellos que añadía a sus togas, que comenzaron como reivindicación de la estructura de la toga, diseñada para mostrar la camisa y corbata de los hombres, que terminó como una tradición con un significado más allá. Los cuellos se convirtieron en un símbolo y con ellos creó un código. La plataforma filmin creó un documental sobre RGB en el que compartía el significado de algunos de estos cuellos. Uno de ellos lo denominó “el cuello de las discrepancias” y fue la pieza que precisamente vistió el día siguiente a la victoria presidencial de Donald Trump.

Ayer el presidente de los Estados Unidos presentó a su candidata para el puesto que ocupaba RGB en el Tribunal Supremo. Amy Coney Barrett, jurista de prestigio, católica y madre de siete hijos. Trump destacó en la presentación de Barret su admiración hacia ella: “La familia es una parte fundamental de Amy, que abrió su corazón y su hogar y adoptó a dos hijos en Haití. Su relación con su hijo con síndrome de Down es una auténtica inspiración”. Y a pesar de la devoción a la familia que puedan compartir el presidente y la jueza, también se conoce la posición contraria al aborto de Berret, sus medidas restrictivas en cuanto a la inmigración y posición a favor del derecho de posesión de armas. No hay que olvidar, que el puesto a ocupar en el Tribunal Supremo le pertenecía a una defensora del constitucionalismo vivo, que no creía en la lectura literal de los textos, sino en la adaptación de estos a los nuevos tiempos.

Ginsburg comprendía el cambio social, en cuanto a la lucha feminista, que ha acontecido desde que comenzó sus estudios, pero el objetivo está lejos de ser alcanzado. Como ella misma afirmó en un artículo que escribió en 2016 para The New York Times: “Anteriormente hablé de los grandes cambios que he visto en las ocupaciones de las mujeres. Sin embargo, hay que reconocer la parte aún sombría del panorama. La mayoría de las personas que viven en la pobreza en los Estados Unidos y en todo el mundo son mujeres y niños, los ingresos de las mujeres aquí y en el extranjero son inferiores a los ingresos de los hombres con educación y experiencia comparables, nuestros lugares de trabajo no se adaptan adecuadamente a las demandas de la maternidad y la crianza de los hijos, y tenemos todavía tenemos que idear formas efectivas de evitar el acoso sexual en el trabajo y la violencia doméstica en nuestros hogares.”

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