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Las 48 horas de un proyecto frustrado

Beatriz Crespo– redactora invitada

Imagen: El Confidencial

Con Florentino Pérez a la cabeza, se anunciaba el 19 de abril la fundación de la Superliga, un proyecto futbolístico reservado a los doce clubes europeos predominantes en la escena: tres españoles (Atlético de Madrid, Barcelona y Real Madrid), tres italianos (Juventus, Inter de Milán y Milán), seis ingleses (Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham) y tres equipos invitados a formar parte en función de la calidad de su juego.

Este anuncio desató un auténtico revuelo en la escena internacional, que no dejó a nadie indiferente. Y es que el contexto del nuevo torneo y la imagen de estos clubes mostrándose superiores e imprescindibles en el engranaje del fútbol europeo suponían, en primera instancia, un desprecio a los valores europeos de diversidad e inclusión en el deporte. Bruselas no tardó en pronunciarse al respecto, rechazando una competición que daría una imagen del fútbol como reservado para los ricos y los superpoderosos. 

Calificándolo como cínico y mostrándose unidos en el rechazo, los representantes del panorama de fútbol internacional, la UEFA y la FIFA apoyaron este posicionamiento, haciendo constar que harían todo lo posible para que este proyecto no saliera adelante. Desde su punto de vista, la Superliga, gestada en secreto desde hace unos años por los grandes magnates del fútbol europeo, supondría, entre otras cosas, una pérdida de la esencia del fútbol como deporte: hacer posible la inclusión de todos los equipos en competiciones en las que serán recompensados por sus méritos. 

La UEFA y la FIFA abogan por un fútbol de todos y para todos, buscando solidarizarse con las dificultades que los equipos menos conocidos en Europa están afrontando como consecuencia de la COVID-19. En tono amenazante, el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, definió a los participantes del proyecto como serpientes guiadas por la codicia y declaró que aquellos equipos que decidieran seguir con el proyecto de la Superliga serían expulsados directamente de las competiciones internacionales y nacionales en las que participan actualmente, y  a sus jugadores se les prohibiría tomar parte en dichos torneos. 

Superliga Europea: Clubes más ricos tratan de imponer la teoría del chorreo  al fútbol - La Voz De Los Que Sobran
Manifestantes en contra de la Superliga. Fuente: La Voz de los que Sobran

Asimismo, hizo un llamamiento a las aficiones y a los responsables de las ligas nacionales  para que se unieran en la negativa a este proyecto. En pocas horas, la idea fue rechazada por la Real Federación Española de Fútbol, LaLiga, la Federación Inglesa de Fútbol, la Premier League, la Federación Italiana de Fútbol y la Lega Serie A.

Con las alarmas encendidas, las aficiones de los respectivos clubes no se quedaron de brazos cruzados. Los hinchas ingleses, movidos por el fervor que tradicionalmente ha generado el fútbol en su sociedad, fueron los primeros en saltar a la calle para mostrar su rechazo. Las puertas de estadios, como la de Wembley o en Anfield, abarrotadas en señal de protesta y las pancartas con mensajes como «Creado por los pobres y robado por los ricos» fueron las imágenes que protagonizaron la escena.

A ellos, de manera progresiva, se fueron uniendo las aficiones de los equipos italianos y españoles, como la del Atlético de Madrid, que inundó las redes sociales con un vídeo protagonizado por sus hinchas en el que se muestran contundentemente en contra de la voluntad de su directiva de formar parte de este proyecto.

A esta manifestación popular de las aficiones de los equipos involucrados en la fundación de la Superliga se le unió la oleada de mensajes por parte del resto del mundo del fútbol europeo. Oponiéndose a este proyecto basado en el poder adquisitivo de los clubes más que en los propios méritos, su descontento ante la situación se expresó a través de mensajes en las camisetas, como fue en el caso del partido del Valencia contra el Osasuna de la LaLiga del pasado miércoles 21 de abril, en el que los jugadores saltaron al campo con el mensaje Earn it: «Ganátelo [en el campo]».

El Valencia CF también dice NO a la Superliga Europea
Jugadores del Leeds calentando luciendo camisetas con el famoso lema «Gánatelo. El fútbol es para los fans». Fuente: The Guardian

En esta misma línea, se sumaron al rechazo la Federación Francesa de Fútbol, la Liga de Fútbol Profesional e, incluso, el propio presidente Emmanuel Macron, calificándola como amenaza para la estructura del fútbol europeo. Desde Alemania, la Bundesliga y la Federación también dejaron clara su negativa a la consolidación de este proyecto y a su futura inclusión. 

De este modo, como si de un efecto dominó se tratara, uno a uno los equipos fueron abandonando su voluntad de continuar con la Superliga. El primero en manifestarse, 48 horas después del comunicado de fundación de la Superliga, fue el Manchester City, emitiendo un mensaje a sus seguidores en el que expresaba que había iniciado los procedimientos para abandonar. A él le siguieron los otros cinco equipos ingleses, el Inter de Milán, el Milan y el Atlético de Madrid. 

El futuro de la Superliga aún está en el aire

La propuesta de remodelar el actual modelo de la Superliga está en al aire, así como las amenazas de recurrir ante los tribunales la retirada de los equipos desertores. El proyecto, que nacía como precursor de la renovación del fútbol mundial, y prometía generar millones de euros para los clubes más adinerados, ha visto cómo se desintegraba ante sus ojos su intención de crear un fútbol cerrado para la élite.

El debate sobre el futuro de la Superliga sigue abierto, aunque a bordo solo quedan el Barcelona, el Real Madrid y la Juventus. Asimismo, se mantienen las intenciones y los diálogos para efectuar una reforma sobre el actual formato de Champions League, en vista a adaptarla al gusto de todos. 

A la espera de lo que pueda ocurrir, lo que nos deja esta experiencia es que el fútbol, aun siendo uno de los mayores negocios de nuestros días, está hecho por y para los aficionados. Y estos días queda claro que prefieren ver un deporte diverso y competitivo, que genere hazañas apasionantes y giros inesperados, donde cualquier equipo pueda traer un título «a casa», a cada hogar. Y esto no puede ser negociable ni por todo el dinero del mundo.

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