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Economía Nacional Política Unión Europea

¿Hay luz al final de la mina? Asturias saliendo del pozo

Sonsoles García Granda y Ángel Pinel Fernández

Según ha avanzado la Unión, la integración entre los países que la componemos cada vez es más palpable. La conveniencia europeísta, más allá del progreso democrático y social, tiene un claro avance económico del Viejo Continente, y es que cada paso juntos nos fortalece. La Agencia Europea de Medio Ambiente, apunta que el futuro de la nueva Europa ha de teñirse de verde conjuntamente. Conscientes de ello, las instituciones europeas tratan de resolver la problemática de la transición energética a golpe de ayudas económicas a los Estados miembros. Muchas de ellas, centradas en rescatar aquellos sectores clave para la reconversión, los mismos que llevan años con el agua al cuello. 

La primavera pasada, la Comisión Europea amplió el Fondo para la Transición Justa, una partida de 7.500 millones de euros presupuestados antes de la pandemia; pero que ha crecido debido a la crisis pareja al coronavirus, elevando la cifra final hasta 44.000 millones de euros. Esto se traduce en que las ayudas que iban a destinarse a empleo, infraestructura y formación hasta en 8 provincias españolas (Asturias, León, Palencia, Coruña, Teruel, Cádiz, Córdoba y Almería) aumenten significativamente. Y es que, el compromiso verde de la CE es firme y consciente de que no sería efectivo si el avance no fuera total por parte de todas las regiones.

En este sentido, España tiene ante sí una ventana de oportunidad sin parangón para rescatar algunas de las zonas mineras que aún siguen, décadas después, sin ver la luz al final del túnel. 

Ejemplo de ello es la reconversión en Puertollano (Ciudad Real) de una central térmica derivada de la minería a la actual central energética de biomasa, persistiendo en el sector energético y acertando en la transición. La antigua cuenca Manchega sobrevivió por saber responder al ¿qué?, ¿cuándo?, y ¿cómo?, debía de suplir la desaparición de la minería. Sin embargo, y esto es característica compartida a escala europea, no todas las cuencas mineras en España se encuentran en el mismo punto en este camino hacia la descarbonización.

Con el fin de señalar los obstáculos actuales para la cohesión económica interregional que busca la Unión Europea; en este artículo desmenuzamos la situación de las cuencas mineras de Asturias, antiguo motor económico y social de la Comunidad. Las cuencas asturianas, incapaces de seguir el ritmo a los nuevos aires de transformación, y aún exhaustas de su última reconversión, siguen perdidas en la última galería del pozo Maria Luisa. A su vez los asturianos, sin capitán ni rumbo, entonan el Santa Bárbara cada 4 de diciembre, aunque cada año menos voces acompañan.

La minería en Asturias tiene un largo recorrido histórico, de hecho, la primera perforación data de 1593, en Arnao (Castrillón). Aunque esencial para comprender el desarrollo socio-cultural de la región, remontarnos hasta el siglo XVI sería desnortarnos de lo que hoy nos concierne. Comencemos mejor en 1959, en plena dictadura franquista, cuando se inicia la liberalización de la economía española a través del Plan Nacional de Estabilización Económica, que rompe con la política autárquica. A la minería, esta decisión le supuso la entrada en una situación de crisis que evitaba desde hacía ya tiempo; el sector pasaba de un proteccionismo en el que la rentabilidad de la perforación importaba más bien poco, a una situación de competitividad donde las hulleras asturianas poco tenían que hacer.

Todo ello, acabó desencadenando en la urgente intervención del Estado para frenar la situación de inestabilidad y hundimiento del sector, con créditos del 75 por ciento para la inversión, subvenciones para la producción y ventajas fiscales que aumentaran la competitividad de las producciones mineras. Todo ello, tristemente, no frenó la decadencia en la que ya estaban sumidos los pozos.

En 1967, el Instituto Nacional de Industria crea la famosa HUNOSA (Hulleras del Norte Sociedad Anónima), concentrando desde la empresa pública las pequeñas empresas que componían antes todo el sector. Durante los siguientes años, el sector sobrevive, y respira durante un tiempo beneficiándose de la crisis del petróleo de 1973.

La entrada de España en la Comunidad Europea supuso un cambio de visión importante. En los planes originales de Europa, el carbón estaba en el centro, como reflejaba el Tratado CECA, pero ya era materia pasada, y tan era así que la decisión 2064/1986 de la CECA señalaba el final de un sector primando las ayudas a las explotaciones con viabilidad que aplicaran con severidad planes de reconversión antes de 1990. No obstante, la minería asturiana, aún con algo de aquel espíritu ingobernable pasado, no tardó en movilizar a sus trabajadores para personarse en los procesos de negociación de la nueva transformación. Ejemplo de ello, fue el épico encierro del pozo Barredo en las navidades de 1991. Una gesta importante en la lucha minera y demostración del músculo que aún tenía la unión sindical materializada en el sindicato SOMA-UGT. La mina se cerró dos años después, y detrás de ella caerían el resto.

Lo que pasó en la década de los 90, no le es desconocido a nadie, al menos en Asturias. Las ayudas europeas, los controvertidos Fondos Mineros, que surgieron para paliar los efectos del nuevo plan de reconversión, se convirtieron en una auténtica anestesia económica. Estos fondos, adoptaron la forma de rápidas prejubilaciones para los que durante años trabajaron con sangre, sudor y lágrimas por un sector que sabían, estaba ya condenado. Pese a lo que finalmente se decidió, estos fondos debían emplearse además para revitalizar la zona y comenzar una reconversión económica y transformación industrial.

Pero nadie apostó por el cambio, nadie movió un dedo por un complejo industrial hijo de la región, madre y padre de sus habitantes. La alternativa nunca llegó, las ayudas se invirtieron en condenar a una generación de trabajadores formados al ostracismo, y a una región industrial al olvido; anestesiando como se ha señalado antes, a quienes ya se dejaban morir.

En 2012 la minería hizo su canto del cisne. La Marcha Negra hasta Madrid, despertó, en todos los relacionados con este sector, la catarsis que se necesitaba. En ella se visualizaba el terrible abandono a la minería asturiana, por parte de gobiernos centrales y autonómicos de toda índole política, en las últimas décadas. Las calles de la capital oían la voz olvidada de aquella que fue al Principado como la chispa al fuego. 

Pasear por Mieres hoy (antiguo centro neurálgico de la minería asturiana) es recordar el esplendor del pasado y el abandono institucional a la vez, la resignación entonada en el mero recuerdo de los épicos encierros y huelgas que sumen a “les Cuenques” en pasajes libros de texto, pero sin permitirlas escribir nuevas páginas. 

Aunque si se fijan, sí que hay luz al final del pozo, puede que le de la mano al medioambiente, puede que venga de fuera con bandera azul y estrellada, solo tenemos que encontrar el rumbo y al capataz que nos acerque a él.

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