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Política Unión Europea

¡Muerte a la Europa de la tijera, que viva la Europa del dedal!

Claudia Gallego Ariño

La declaración de Schuman de 1950 ya decía que Europa no se construiría en un día, y tampoco parece que en el siglo XXI vayamos a tener los resultados definitivos de aquel proyecto que nació poco después de la Segunda Guerra Mundial, fruto de las ideas de destacadas personalidades, el interés de los estados y el miedo que brotaba en los dos lados del telón de acero. Desde sus inicios, e incluso a día de hoy, ha sido un experimento en constante construcción, donde se han alternado tesis de integración con antítesis de nacionalismos. Algunos defienden que la Unión Europea no es más que el resultado racional de la voluntad de diversos estados miembros, que, en un intento de maximizar su cuota de poder mundial, se reúnen en Bruselas para hacer políticas para “los suyos”. Otros opinan en cambio que tiene un carácter cuasi federal, pues hay una clara separación de poderes entre las instituciones, cuenta con una “Carta Magna” – El Tratado de Lisboa-, y la ciudadanía europea constituye un verdadero demos.

Debido al constante fluir de la UE, resulta absurdo defender la tesis del vaso medio lleno o medio vacío como si de verdades absolutas se tratara, pues no son sino las dos caras de una misma moneda; y prueba de ello es la comparativa de la respuesta de la UE de 2008 a la crisis frente a la de la UE de 2020. Los tijeretazos a los bolsillos que deshilacharon las tan frágiles costuras de los “PIGS” en aquella dolorosa crisis económica y financiera hoy parecen haberse sustituido por una Comisión más proclive a reconstruir los tejidos rotos, y crear un gran dedal para amortiguar conjuntamente el impacto en estos tiempos de afiladas agujas y peligrosos patógenos de índole vírica y política.

Por lo que respecta a la liga de los Estados miembros, estas semanas se ha evidenciado claramente la histórica brecha entre los ricos del norte y los pobres del sur. En el extremo sur, el Gobierno francés, junto con el español, el italiano, el griego, el maltés y el portugués propusieron un fondo de recuperación para el coronavirus de 1,5 billones de euros basado únicamente en transferencias. A este le siguió la propuesta del eje francoalemán, el punto de equilibrio entre un norte de billetera austera y un ambicioso sur, en la que lejos de los planes en los que Francia había estado soñando con los sureños, se abogaba por un fondo de medio billón de euros en dinero fresco y en transferencias, sin incluir préstamos. Efectivamente, intentaron con esto reconciliar los dos extremos económica y socialmente tan alejados de la Unión: a favor del sur, la emisión de deuda mancomunada para financiar el fondo de recuperación y, para contentar al norte, ayudas basadas en un compromiso claro de aplicar políticas sólidas y una ambiciosa agenda de reformas. Sin embargo, donde los primeros vieron la luz, los segundos respondieron con poco entusiasmo. En el extremo norte, los bautizados como los cuatro frugales (Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca), como buenos defensores de la austeridad y guardianes de la disciplina fiscal, exigieron que la respuesta a la crisis no implicase la mutualización de la deuda ni un “incremento significativo” de las aportaciones nacionales al Presupuesto de la UE. De este modo, mostrando la faceta menos optimista que nos podemos imaginar de una “Unión”, defendieron la creación de un instrumento temporal, basado en préstamos y no subsidios, y condicionado a reformas y ajustes fiscales.

Por otro lado, en la liga supranacional, donde llevaban semanas ideándose nuevas estrategias para el tan complicado juego de supervivencia, el miércoles pasado se consiguió dar un paso sin precedentes en la historia de la UE. La Presidenta de la Comisión Europea presentó un plan de recuperación que podríamos tildar de revolucionario, pues propuso un endeudamiento a gran escala a través de su doble respuesta: Next Generation EU y un presupuesto a largo plazo de la UE reforzado. El primero es un nuevo instrumento de recuperación dotado con 750 000 millones de euros, de los cuales 500 mil millones lo serán en forma de transferencias, como planteaba la iniciativa francoalemana, y 250 mil millones vía créditos, lo cual impulsará nueva financiación de los mercados financieros para el período 2021-2024. La propuesta se organiza en tres pilares. El primero y más grande será para apoyar la recuperación de los Estados miembros, el segundo consiste en reactivar la economía y la inversión privada, y el último, que han bautizado como “Aprender las lecciones de la crisis”, consistirá en reforzar planes europeos ya existentes, y crear un nuevo programa de Salud, para prevención y preparación de crisis. Además, el presupuesto a largo plazo se compromete a financiar iniciativas dirigidas a luchar contra el cambio climático y la pobreza infantil; dar apoyo a la agricultura y las zonas más pobres de la UE; e impulsar programas de investigación, de ayuda a los estudiantes y a las PYMES en el período 2021-2027.

A diferencia de 2008, esta vez los últimos son los primeros, ya que son España e Italia los grandes beneficiados y con diferencia: España conseguirá un total de140 mil millones de euros e Italia 172 mil millones. Como advertía Úrsula ante la Eurocámara “Ningún Estado miembro debería tener que elegir entre responder a la crisis o invertir en su gente”, y tanto es así que los ejecutivos italiano, griego y español aplaudieron la propuesta, e incluso Pedro Sánchez solicitó que Charles Michel, presidente del Consejo, convocase  una reunión de líderes para comenzar las negociaciones “en las próximas semanas” para llegar a un acuerdo cuanto antes, pues como cabía esperar, el frente de los frugales no tardó en mostrar su reticencia a un endeudamiento de tal envergadura. 

La buena noticia para Von der Leyen, el eje francoalemán y los sureños es que Dinamarca y Suecia ya están dando señales de querer tener posiciones constructivas, y en Austria Los Verdes están buscando aumentar la presión sobre el canciller para que flexibilice la posición de Viena.  La no tan buena es que todavía existen grandes divisiones sobre cómo se recaudará y cómo se gastará el dinero, lo que significa que aún quedan por venir meses de tira y afloja y el paquete final de recuperación puede terminar difiriendo de lo propuesto este miércoles. Los debates se anuncian tensos, pero como dijo la Comisión, “el precio de la inacción será mucho más caro”, así que esperemos que esta pandemia haya servido al menos para que no nos olvidemos del gran riesgo de recortar en derechos y de la importancia de una unión política, económica y solidaria. Quizás esta crisis haya sido el jarrón de agua fría que ha despertado conciencias, evidenciando que poco a poco se borra la Europa de las tijeras y comienza a brotar un tejido conjuntivo en la Europa del dedal.

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