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Artículo invitado Internacional Política

¿Qué interés tiene la UE en los Balcanes Occidentales?

Rubén Franco Pescador – Coordinador en PRISMA UC3M

La prosperidad de la Unión Europea va de la mano de sus países vecinos. Bruselas lo sabe y, por ello, a lo largo de las últimas décadas ha diseñado políticas específicas para mejorar sus relaciones con aquellas naciones próximas a sus fronteras. Entre las más destacadas están la Política Europea de Vecindad y la Política de Ampliación, con diferentes metas y objetivos. Esta última es especialmente interesante, porque la llegada de nuevos miembros puede determinar las dinámicas de poder dentro de la organización, así como el reparto de los fondos comunitarios.

Actualmente hay varios estados interesados en este proceso, entre los que destacan un grupo de países conocidos como los Balcanes Occidentales. Este concepto es un neologismo político acuñado en la década de 1990 por políticos norteamericanos y europeos para describir la parte de la península balcánica que no era parte de la UE. Actualmente, describe a Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo (en línea con la Declaración 1244 del Consejo de Seguridad), Montenegro, Macedonia del Norte y Serbia.

Las relaciones con estos países son claves para la Unión Europea, que tiene tres objetivos amplios, pero muy importantes, en la región. Por una parte, debido a la cercanía histórica y geográfica, la UE busca promover la paz, estabilidad y el desarrollo económico en la región. Disputas militares en esta área pueden causar un grave daño a la población local y afectar muy negativamente a otros países miembros de la Unión, como ya pasó durante las Guerras de los Balcanes y las olas de refugiados que desencadenaron. Asimismo, desde una perspectiva liberal, tener un aliado comercial estable y desarrollado puede beneficiar a los estados que componen la UE, así como a sus balanzas de pagos.

Por otra parte, esta organización busca exportar una transformación política, social y económica con el objetivo de hacer prosperar la posibilidad de integración en la UE, como ya pasó con Croacia en 2013. La democratización de sus sistemas políticos y la liberalización de sus economías, controlados actualmente por ciertos grupos políticos corruptos y criminales, sería un hito en la historia de Europa. Su transformación, de forma pacífica, mostraría al mundo el gran “poder blando” que tiene la UE en su vecindario, y sentaría un precedente para el futuro. Además, lo más importante, tendría un gran poder simbólico: un paso más hacia la unión de todos los países europeos bajo la bandera de 12 estrellas.

Junto a ello, hay un tercer objetivo muy destacado: mantener a los Balcanes Occidentales fuera del área de influencia de otras potencias globales, especialmente de tres actores que buscan ganar poder en la región. China, con su Nueva Ruta de la Seda y sus grandes inversiones en la península, supone uno de los más graves competidores. Rusia, con su tradicional influencia sobre otros países eslavos, en especial sobre Serbia, pone en peligro la expansión del sistema de democracia liberal europeo. Junto a estos dos estados, también está Washington que, con su poder diplomático en la zona, como demostró hace tres décadas y está pasando ahora con el diálogo entre Belgrado y Pristina, está quitando protagonismo a la UE. Por ello, si Bruselas quiere alzar los valores europeos, debe hacer valer su influencia en su puerta trasera.

Para lograr estos tres objetivos, la Unión Europea ha puesto en práctica, a su vez, tres estrategias concretas. La primera, lanzada en 1999, fue el llamado Proceso de Estabilización y Asociación (PEA). Este marco de estrategia suponía una reconciliación gradual de la UE con las Antiguas Repúblicas Yugoslavas y Albania. Se trataba de un programa basado en relaciones contractuales bilaterales, ayuda financiera, diálogo político y relaciones comerciales. Como resultado, se han establecido exitosamente áreas de libre comercio, basadas en principios democráticos y en el estado de derecho, con todos los países de los Balcanes Occidentales.

El segundo instrumento buscaba potenciar la cooperación regional. La UE quería que sus relaciones con la región fueran muy dependientes de esta cooperación intrarregional. Las Guerras de los Balcanes ocurrieron hace menos de 30 años, por lo que Bruselas buscaba, y sigue buscando, incentivar a estos países a cooperar para mejorar sus relaciones y reducir las tensiones fronterizas. Entre otros campos, la Unión busca desarrollar la cooperación en temas sociales y económicos, energía e infraestructuras, justicia y asuntos domésticos, seguridad, capital humano y relaciones parlamentarias.

El tercer mecanismo está basado en el proceso de adhesión. Para poder solicitar la membresía de la Unión, los países primero deben cumplir con los Criterios de Copenhague, que incluyen requisitos políticos (instituciones estables que garanticen democracia, estado de derecho, protección de derechos humanos y respeto de minorías) y económicos (libre mercado capaz de soportar las presiones internas de la Unión). Una vez un país ha sido reconocido como candidato oficial, pasa a través de diversas fases, dependiendo de sus propios méritos y progreso completando los 34 capítulos del acquis communautaire, o acervo comunitario. 

De los seis países de los Balcanes Occidentales, la UE ya ha abierto negociaciones con cuatro candidatos oficiales: Montenegro (2012), Serbia (2014), Macedonia del Norte (2020) y Albania (2020). Mientras tanto, Kosovo y Bosnia son candidatos potenciales, pues aún no cumplen con algunos de los requisitos de entrada, especialmente la existencia de instituciones estables y funcionales, como demuestra la supervisión de EULEX en el primero y la vigilancia de EUFOR Althea en el segundo.

Este proceso de adhesión es uno de los principales objetivos y, a la vez, la mejor estrategia para que los países vecinos cumplan con las leyes y estándares europeos que se dictan desde Bruselas. El poder de negociación de la Unión es mucho más fuerte cuando los países están intentando ser miembros que cuando están fuera o dentro. Debido a que los países balcánicos están dentro en este proceso, pero aún lejos de cumplir con los criterios de membresía, la UE puede presionarles para que emprendan mayores reformas. Por ello, algunos autores, como Peterson y Gottwald (2015), han llegado a decir que la Política de Ampliación es vista como la herramienta más efectiva de la política exterior de Bruselas y otros, como Zielonka (2007), hablan de una “política imperial” que puede ayudar a “controlar” política y económicamente el este de Europa.

Sin embargo, es cierto que este proceso no está funcionando debidamente. Dentro de la Unión hay cierta “resaca política” por las ampliaciones de 2004, 2007 y 2013, que generaron cierto rechazo hacia más adhesiones en el corto plazo. Además, en algunos países de los Balcanes se ha producido cierto desapego hacia las posibilidades de unirse a la UE, por la lentitud del proceso y el rechazo de algunos líderes. En consecuencia, algunas personalidades críticas han pedido a una revisión de la metodología, con  metas más claras y consistentes; una elaboración de programas que permitan una participación gradual de estos países antes de unirse; un mayor apoyo a las organizaciones de la sociedad civil, verdaderos agentes de cambio en la región; y la posibilidad de que los Balcanes Occidentales también tengan una silla en la Conferencia por el Futuro de Europa.

Como se ha podido ver, los intereses de la Unión hacia los Balcanes Occidentales son diversos. Se trata de un asunto de estabilidad y prosperidad, pues si la UE quiere evitar problemas regionales en el futuro debe asegurarse de promover el desarrollo económico en estos países. Además, es un tema de política exterior, ya que Bruselas busca evitar la interferencia de otras potencias en territorios tan cercanos a sus fronteras. Finalmente, también es un asunto simbólico, porque la adhesión de los Balcanes supondría un hito en la historia de esta organización, creada como proyecto de paz, y mostraría al mundo su “poder blando” al resto del mundo.

Se han puesto en marcha diversas políticas para lograr estos objetivos, pero no hay duda de que la Política de Ampliación es el instrumento más poderoso. Por tanto, los países de los Balcanes necesitan una perspectiva real de membresía para asumir las necesarias reformas políticas que establezcan instituciones democráticas, libertad de prensa, un sistema judicial independiente y un verdadero estado de derecho. Todo ello crearía estados con democracias funcionales, esto es, sistemas políticos estables y socios de confianza para la Unión Europea.

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