RealPolitik

Tu política internacional

  • Español
  • Polski
  • English
  • Español
  • Polski
  • English
Artículo invitado COVID-19 Política Unión Europea

¿Quo vadis, Europa?: La Unión en la era post-COVID

Artículo invitado del Círculo de Análisis Euromediterráneo, por Francisco Morales y Luis Mora

l COVID-19 amenaza con cambiar el mundo en el que vivimos, ya que todo indica que la pandemia va a trastocar la realidad que conocemos y nos va a situar (para bien o para mal) frente al espejo. También a la Unión Europea, que tendrá que enfrentarse, una vez más en su historia, a nuevos desafíos y retos.

Sin embargo, el conocimiento acerca del COVID-19 aún es muy limitado. Todavía quedan largos meses para lograr una vacuna y sigue habiendo incertidumbre acerca de las formas de contagio, así como de los efectos que causa en nuestra salud. No cabe duda de que todo ello complica el análisis prospectivo de la Unión Europea, haciendo que las previsiones presentadas hasta la fecha sobre el desarrollo económico y político sean algo imprecisas.

Previsiones económicas

En un esfuerzo por acercarse a la realidad, el BCE publicó recientemente un informe describiendo tres posibles escenarios dependiendo de la fecha del fin del confinamiento y su proceso de vuelta a la “normalidad”. Incluso en el mejor de los escenarios, aquel en el que tras el fin del parón, la vuelta a la actividad se hace de forma rápida, se espera que el PIB real caiga un 5% en la zona euro (en el peor escenario, la caída sería del 12%) y un 7% la demanda extranjera (un 19% en el peor).

En países fuera de la eurozona, también se prevén caídas del PIB. En Reino Unido se esperan bajadas del 6.50%, así como una contracción a nivel mundial del 3%, según el último informe del FMI.

Así mismo, durante todo el desarrollo de esta crisis, se ha hablado de recuperación en “V” o “U”, sin embargo en las últimas previsiones se espera que haya una recuperación con forma del logo de nike: una caída abrupta y una recuperación más lenta. De hecho, las pérdidas no se espera que se recuperen hasta como mínimo 2023, según Philip Lane.

Todos estos indicadores muestran la crisis en la que ya estamos. A pesas de que economistas como Oliver Blanchard, afirman que no existe un riesgo a corto-medio plazo de una crisis de deuda, existen otros muchos problemas que suponen un gran riesgo para Europa: el ascenso de las primas de riesgo y la deuda pública pese a los esfuerzos de los bancos centrales (115% España, 137% Italia), el tamaño del balance del BCE así como su composición (desde el 22 de abril se acepta deuda con calificación BBB), y el aumento del paro y la deflación (0,4% debido, en parte, a la crisis del petróleo).

Junto con esto, viejos fantasmas del pasado han vuelto a aparecer. En el seno de la zona euro, el debate entre “amigos de la austeridad” y “amigos de la cohesión” volvió a surgir debido a las diferencias sobre las medidas para paliar los efectos de la pandemia. Aunque ambas posturas son lícitas y sus argumentos son válidos, muchos expertos culpan esta falta de consenso a la falta de una política fiscal común. Pese a que la Unión ya cuenta con su propio presupuesto y algunos instrumentos fiscales comunes (recurso IVA y recurso RNB), se ha criticado su limitado alcance y la poca capacidad de acción a la hora de controlar la deuda y hacer cumplir el Pacto de Estabilidad.

Sin embargo, fuera de estos debates, economistas como Paul De Grauwe, defienden una salida de la crisis conjunta, ya sea a través de la mutualización de deuda o mediante otros instrumentos. De lo contrario, las consecuencias económicas serían peores, volverían a Europa las medidas de austeridad y se pondría en riesgo la integración económica.

Desde un punto de vista más global, esta crisis traerá cambios en ámbitos como el empleo, modelos de consumo, transportes y forma de producir. Incluso nuestra manera de relacionarnos se verá afectada, en lo que Financial Times llamó empty-chair economy.

En lo que sin dudas habrá grandes cambios es en las relaciones comerciales. Una vez más la historia vuelve a repetirse, y como ya ocurrió tras la caída de Breton Woods, se está observando un avance hacia el proteccionismo. La globalización y las cadenas de valor multinacionales parecen haber llegado a su fin. El desabastecimiento de productos sanitarios, así como la alerta por un posible desabastecimiento de alimentos, han hecho que muchos países se replanteen su estrategia exterior. La autarquía actualmente no es una opción viable desde el punto de vista competitivo, por lo que esta situación desembocará hacia un mayor auge de los regionalismos.

Previsiones político-institucionales

En el ámbito político-institucional, el proyecto de integración del viejo continente tendrá que enfrentarse a grandes desafíos, que posiblemente requerirán la reforma de los Tratados en el medio-largo plazo. Sin embargo, los más relevantes y para los que tan solo se necesita voluntad política, sin duda, pasan por lograr el Acuerdo de Salida con el Reino Unido, contener un aumento del euroescepticismo impulsado por las formaciones de corte euroescéptico o reforzar la legitimidad democrática de la Unión fiscalizando, por medio del Parlamento Europeo, los gastos comunitarios en los que se incurra para la superación de la crisis. Asimismo, el eterno debate sobre la solidaridad intraeuropea también estará sobre la mesa. 

Atendiendo a la cuestión británica, tanto la Unión como el Reino Unido han tenido que volcar todos sus esfuerzos en la lucha contra la pandemia. Por ello, no ha quedado más alternativa que posponer la segunda ronda negociadora del Brexit, que estaba programada para el 18 de marzo y en la que ambos actores habían previsto abordar los primeros borradores del Acuerdo de Salida intercambiados unos días antes.

Las negociaciones, por tanto, están paralizadas y todavía no hay fecha agendada para la cumbre del mes de junio en la que se había previsto evaluar el avance de las mismas y, si fuera necesario, solicitar una extensión del periodo transitorio. Cabe recordar que la fecha límite para solicitar la prórroga, por parte del Reino Unido, es el 30 de junio y en este contexto parece complicado realizar avances importantes antes de ese día. No obstante, a día de hoy, el Reino Unido aún no ha confirmado su intención de solicitar la extensión del periodo transitorio.

Otro desafío clave es la contención del envite euroescéptico que se prevé para los próximos meses. Parece plausible que el debate sobre la eficacia y la rapidez con la que la Unión ha adoptado medidas aumente el fervor euroescéptico en algunos Estados. Sin embargo, en esta ocasión no partimos de una situación muy mala, ya que según el Eurobarómetro del pasado mes de noviembre, el 70% de nacionales de los Estados miembro afirmaban sentirse ciudadano de la Unión Europea. No obstante, entre dos de los países más castigados por el Coronavirus (España e Italia) se aprecia una fuerte divergencia, ya que el 86% de la población española manifiesta sentirse ciudadana de la Unión, mientras que en Italia ocurre lo contrario, dado que el 60% de sus nacionales afirman que votarán fuerzas euroescépticas en sucesivos comicios.

Si bien es cierto que debemos permanecer en alerta por la situación euroescéptica en Italia (Estado fundador de la Unión), parece que esta ola será transitoria. Gran parte del futuro de la organización pasa por contrarrestar con firmeza los mensajes euroescépticos y, para ello, las Instituciones comunitarias deben comunicar más y mejor. Asimismo, es importante señalar que el hecho de que los ciudadanos cuestionen la acción de la Unión no es necesariamente malo, ya que es una forma de incentivar que la Unión avance. En el contexto actual, donde los problemas son transnacionales, solo caben soluciones multilaterales, y qué mejor forma que progresar en la integración europea que sobre las bases de una sociedad democrática, crítica y plural.

Finalmente, esta nueva crisis derivada de los efectos devastadores del coronavirus se presenta como una gran oportunidad para enmendar los errores cometidos en la gestión de la crisis financiera de 2008. Desde la perspectiva de la gobernanza, el control y la legitimidad democrática de la Unión, tal y como sostienen los Investigadores del Real Instituto Elcano, Enrique Feás y Gonzalo García Andrés, es preciso que las Instituciones europeas construyan un marco de confianza con los ciudadanos en la gestión del Fondo de Rescate planteado por el Consejo Europeo.

Justifica esta acción la necesidad de que los gastos derivados de la ayuda (financiada con los impuestos de todos los contribuyentes europeos) que van a recibir los socios que la demanden sea fiscalizada de alguna manera. Los Gobiernos nacionales no deben disponer de esa financiación sin rendir cuentas ante quien la presta, por ello, y ante la imposibilidad de que todos los parlamentos nacionales fiscalicen los gastos, se hace imprescindible que, tanto el Consejo como el Parlamento Europeo, supervisen de forma continua cómo gestiona un Estado el auxilio prestado por el resto de socios.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *