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Opinión Orgullo LGBTQ Temas sociales

Ser atacados por nuestro Orgullo

Imagen: Togayther

José David Villarrubia – redactor invitado

La temperatura ha aumentado drásticamente, la gente empieza a sacar sus camisetas hawaianas más estrambóticas y el verano da el pistoletazo de salida con uno de los eventos más importantes del año, el Orgullo Gay, que se celebrará este año desde el 25 de junio hasta el 4 de julio.

En la actualidad, puede parecer que la aceptación del colectivo LGBT está en sus máximos históricos en España: la aparición de personajes homosexuales en series de televisión es cada vez más numerosa y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo cumple ya los 16 años, regulando al mismo tiempo la adopción por parte de parejas homosexuales.

Todos estos derechos, ganados a pulso por el colectivo, pueden dar la errónea idea de que vivimos en una época de total igualdad y aceptación. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta utopía, ya que sigue siendo frecuente la discriminación por la orientación sexual o identidad de género.

Solo tenemos que revisar el panorama político actual para darnos cuenta de que la perspectiva de una sociedad tolerante es totalmente utópica. Desde hace ya unos años, han surgido en Europa partidos de extrema derecha cuya ideología y principios atentan directamente contra la diversidad y los derechos fundamentales de las personas LGBT, entre otros colectivos.

España no es una excepción a este acontecimiento. El aumento de votos a la extrema derecha en nuestro país ha reforzado las posiciones en contra de las minorías por parte de un sector de la población. Un hecho preocupante disfrazado de diversidad ideológica que busca desde acabar con los derechos que han ganado durante años de batalla una gran multitud de colectivos, hasta eliminar la educación en diversidad para las futuras generaciones.

Esta alarma social viene acompañada de un aumento significativo en los delitos de odio cometidos contra personas por su orientación sexual e identidad de género. Según el último Informe de la Evolución de los Delitos de Odio en España publicado por el Ministerio del Interior (2019), los delitos de odio han aumentado un 8,6% del año 2018 al 2019, con un total de 395 casos en todo el territorio español. Esto no es más que un reflejo del aumento y consolidación de ideas retrógradas cuya visión juzga lo diferente como una amenaza, dándole un tono negativo y promoviendo la ignorancia sobre el conocimiento.

El aumento de los delitos de odio afecta no solo al colectivo LGBT, sino también a un sinfín de minorías racializadas, mujeres, personas discapacitadas, practicantes de diferentes religiones o incluso defensores de otras ideologías. Este odio irracional y beligerante atenta contra todo aquello que no considera normal, pero como dijo Dorothy Parker, «la heterosexualidad no es normal, solo es común».

La única cura contra todo este odio es la información, la educación y, sobre todo, la empatía. Es imprescindible que partamos de la educación de los más pequeños para hacer entender a futuras generaciones que lo diferente es válido, y que es normal sentirse diferente, porque cada persona tiene una manera única de sentir y expresar sus emociones y su sexualidad. Sin embargo, también es necesario que los padres aprendan lo importante que es para sus hijos respetar la diversidad, y sentirse bien formando parte de ella.

La homofobia, bifobia, transfobia y otras aversiones hacia minorías no son más que el miedo a lo desconocido y al cambio, una forma que implementan los individuos que las padecen para protegerse ante su rechazo a lo diferente y lo que pone en jaque la estabilidad de su entorno. Para evitarlo, hay que recurrir a la raíz de la cuestión, la política, y que sea diseñada para seguir apoyando al cambio social y la evolución de mentalidades más retrógradas, apoyando a la «normalización» de la diversidad en la mente de la población para que acepten a personas que también son totalmente normales.

A pesar de que muchos siguen mostrando su disconformidad con la celebración del Orgullo —con argumentos como que se ha transformado en una fiesta ociosa más que en una protesta, o que la diversidad de género y orientación sexual está ya muy aceptada y que no hay nada que reivindicar—, tenemos que seguir dándole visibilidad a este colectivo, que aún sigue sufriendo una gran discriminación y acoso por una parte de la población, para que en el futuro dejen de existir los crímenes de odio.

El Orgullo tiene una parte muy importante de celebración de la diversidad y de los logros conseguidos durante años de lucha por la igualdad, por la aceptación de uno mismo después de una infancia en la que hemos pensado que lo que sentíamos no era «normal», y también tiene una parte muy importante de reivindicación en la que nos toca exponer nuestro largo camino y señalar todas las injusticias que seguimos viviendo. Todo con la finalidad de poder vivir una vida libre de peligro por ser quienes somos: personas.

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