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Cartas al Director Internacional Opinión

Un error evitable

David Rodas Martín

Aislados en nuestras casas y refugiados en nuestros estados. Esa parece, ahora mismo, la realidad de buena parte de la ciudadanía de la Unión Europea. En momentos de zozobra, cuando se requiere de la potencialidad completa de los resortes del Estado (desde los médicos hasta los militares), las viejas seguridades parecen aflorar y los mensajes de todo organismo que no sea propiamente estatal son ignorados. “¿Qué importa lo que diga la Organización Mundial de la Salud?, ya me he dado cuenta de que estoy viviendo una pandemia”, “¿Ursula von der Leyen?, ¿Comisión Europea?, extraños”.

         Sería de ineptos, no obstante, achacar este repliegue nacional-estatista únicamente a la pandemia. La UE, en estas semanas, ha tardado en reaccionar, escudándose en la acción estatal. Pero, al vuelo, podemos captar que, al menos desde la crisis de 2008, ante la cual la Unión gastó todo su potencial legitimador con las políticas de austeridad fiscal (especialmente en el sur), las instituciones comunitarias han perdido músculo, coraje, determinación y, lo dicho, legitimidad.

         Repetir la receta, andar de nuevo una senda que no se ha olvidado: troika, hombres de negro, Bruselas como amenaza en el norte… (sumado al nulo compromiso democrático de este tipo de recetario) parece ahuyentar hasta a quienes, sin miedo, coartaron la soberanía griega en el aciago verano de 2015. Parece que se vuelve a respetar el gasto, la política económica expansiva, se derrumba el altar erigido al dios déficit…pero ¿va a participar activamente la UE en este cambio de paradigma?, ¿o solo va a dejar hacer a los estados? España, Francia, Alemania e Italia, en este dejar hacer, parecen haber aprendido la lección. ¿Las tentaciones autoritarias del este, empezando por Hungría, tendrán el mismo plácet con la excusa del COVID-19?

         Parece que, después de tantos momentos históricos, la historia pasa por nuestros ojos y nos cuesta responder ante ella: Plan Marshall, economía de guerra, industria…palabras del pasado que nos guían en tiempos de zozobra. Las palabras, a fin de cuentas, resguardan y esconden. Los estados-nación esconden las seguridades de un tiempo de certezas y clivajes sólidos, pero olvidan su inanidad para enfrentar el mundo globalizado. La UE, tan incierta pero preparada para enfrentar, si lo desea, los retos que nos deparará este siglo, debe reivindicarse sin aspavientos, abrir sendas hace tiempo olvidadas y que permitieron su propia existencia: gasto público, estado del bienestar. El lema, políticamente, (acuñado el pasado mayo) queda claro: de Tsipras a Macron. Un New Deal europeo (marcadamente ecologista) , la legitimación que la UE precisa. La época, parece, que empuja en este sentido. Actuar de otra manera sería un error evitable.

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